Terrorismo Recreacionista

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 No al trabajo!

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MensajeTema: No al trabajo!   Sáb Mar 14, 2009 11:16 pm

Fuente: http://barcelona.indymedia.org/newswire/display_any/86701/index.php?show_comments

Abajo el trabajo!, porque sobre el trabajo gira todas nuestras vidas, cuando lo que deberíamos de hacer es vivir y el trabajo quedar relegado a una de las muchas funciones de las que se llena nuestra vida y ni remotamente la más importante. El trabajo está concebido, como la única cosa que da sentido a nuestras vidas. Si tienes trabajo, presumiblemente puedes comer, puedes tener casa, puedes tener coche, puedes comprarte ropa, ir a fiestas, tomarte copas, viajar, hacer vacaciones,... Hay muchos, más de los que pensamos, que en su vida han dado un palo al agua y no tienen que meterse en pagar hipotecas con contratos laborales basura, para comprarse una casita de 1000 millones de las viejas pesetas (sí, digo bien, mil millones). Sólo los cobardes buscan excusas para seguir justificando sus vidas con el trabajo. Sólo los vacíos, los alienados, los sumisos y entregados son capaces de hacer una apología del trabajo, diciendo que hay que trabajar para vivir. No y mil veces no. Primero tienes que vivir si alguna vez quieres trabajar. Para emanciparnos del trabajo (tal y como está concebido), hay que tener un poquito de arrojo y saber entender cual es el discurso contra el trabajo sin necesidad de enseñar a leer las primeras letras. Somos adult@s y tenemos capacidades mentales y volitivas para comprender que hacer alegatos contra el trabajo es poner la vida por delante y no someterla al vil chantaje de hay que trabajar para vivir. Vuestra defensa del trabajo, es una miserable huída hacia adelante por falta de valor para renunciar a esta patética farsa capitalista que da sentido a vuestras vidas. Acabando con el trabajo (tal y como está concebido), se os acaban los chollos sindicales, laborales, burocráticos,... se os caba el chollo de gestión de nuestras miserias, de negociaciones con quienes nos someten y esclavizan de por vida para soñar con el paraíso del jubilado o jubilada, se acaba todo lo que ha hecho que vuestra vida gire y seais lo que sois... porque todo se lo debeis al trabajo y acabar con él es vuestro suicidio social.
Salud y por una anarkía sin concesiones.

Por "Mark, el bakunista cuñado de Marx"
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MensajeTema: Re: No al trabajo!   Dom Mar 15, 2009 12:11 am

Fuente: http://www.sindominio.net/poto/punkplona/atrabajo.html

Contéstate sinceramente si puedes:¿Qué es lo más gratificante de tu trabajo? ¿Qué te llevas cada día a tu casa que sea novedoso, que te acerque diariamente a tus sueños (que alguno tendrás), que parte de él da algún interés a tu vida diaria?. En fin ¿qué provecho le sacas a tu sudor?
Sécate esa lágrima, nenaza, tienes un sueldo.Y si te encuentras entre esos afortunados que disfruta del típico puesto de trabajo fijo, has conseguido el Ideal, así, por antonomasia: el mismo trabajo para toda la vida.Igual hasta el fin de tus días laborales.Y tendrás también el horario perfecto: turno de mañana, solo ocho horas diarias, de lunes a viernes. ¿Qué tienes que madrugar un poquitín? Pues ya te echarás la siesta, que tienes la tarde libre.Si además te apuntas a algún cursillo,o cualquier otra actividad gratificante, conseguirás hacer algo cada día por ti mismo. Así solo hasta que hayas cotizado los días suficientes como para jubilarte(si sabes como). Animo, que no te queda nada.
Mientras tanto puedes disfrutar de los fines de semana a tope.Y tienes las vacaciones ¡un mes al año¡ para viajar, conocer mundo, disfrutar del sol.Por si todo esto no fuera suficientísimo, están las diferentes fiestas de las que el calendario está salpicado, algunas de ellas convertibles en puentes o acueductos.Y semana santa.No digais que no es un plan cojonudo
Si ya nos paramos a pensar en como nuestro ocio crea puestos de trabajo, y por consiguiente riqueza, es que ya es la repanocha.
Todo esto nos puede recordar al burro con anteojeras dándole vueltas a la noria.Pero el burro no tenía fiestas, que sepamos, y encima no cobraba.A no ser, claro, que consideremos lo hacía en especie (comida y cama).Vaya, que tenía la vida resuelta.Además, el dichoso burro sería como un esclavo porque no es libre de elegir, aparte de no dejar de ser un animal. Yel diccionario lo dice bien clarito:esclavitud esun régimen en el que, por múltiples razones algunos seres (humanos), son privados de cualquier derecho sobre su existencia, y son sometidos al arbitrio de un dueño, que se beneficia en exclusiva de su trabajo.Claramente, no es nuestro caso.
Los seres humanos debemos trabajar ¿qué haríamos si no?¿qué utilidad tendrían nuestras vidas?.Tenemos asumido que seguimos condenados como raza, a ganar el pan con el sudor de nuestras frentes ¿por qué?.Debe ser porque Adán y Eva desobedecieron a Dios allá por el Paleozóico.Como, por lo visto, nosotros mismos no consideramos aquel asunto totalmente zanjado, pues aquí seguimos, con la inevitable obligación, libremente asumida, de sufrir para poder comer, y por extensión para poder vivir dignamente.Porque el trabajo dignifica al hombre.Esto es algo que no por más repetido deja de ser cierto a todas luces comprobable.Da igual hacia donde se mire: el planeta tierra rezuma de personas perfectamente satisfechas de sus vidas.A nosotros, en concreto, nos ha tocado en suerte gozar de la sociedad del bienestar y no ha habido antes de ahora quien viviera mejor, porque esto es a lo más que podemos aspirar así en general.
¡Somos la cima de la civilización¡.Es emocionante ¿verdad?.Seres perfeccionados, responsables, ¡libres al fin¡.Ya no somos aquellas criaturas supersticiosas, ignorantes, furibundas.Hoy veneramos las palabras sagradas: Arte, Cultura, Solidaridad, Democracia, Paz.
Estas bellas palabras no son ya una utopía.Son la realidad diaria.Tanto para los que quieren como para los que nao se dejan.Conocemos su significado real y lo aplicamos no porque alguien muy preparado nos lo haya explicado, sino porque hemos aprendido que solo con invocarlas, sin ningún otro esfuerzo, y como por arte de magia, y con su sola mención convierten nuestros deseos y pensamientos en obras embebidas de su profundo y maravilloso sentido.
Nuestro conocimiento es tal que sabemos, por ejemplo, que el ochenta y tantos por ciento de la información almacenada en nuestro ADN ¡es basura genética¡ (tal cual). Y así, desembarazados al fin de todo lo inútil, ante nuestros pies queda un único y seguro camino.Nada puede fallar, todo está controlado.Y para cuando necesitamos emoción, están Port Aventure, las películas de miedo y los deportes de riesgo.
¿Qué esta locura de bienestar cuesta su precio?Pues sí.Pero nos hemos informado bien de sus consecuencias.Y sabemos que problemas terribles como la lluvia ácida, los residuos nucleares o el agujero de la capa del ozono por poner solo tres ejemplos que en su momento estuvieron tan en boga, ¡dejan de ser preocupantes en cuanto se deja de hablar de ellos¡
No nos vamos a poner en plan trascendental como los tocahuevos de los ecologistas, incansablemente agoreros.Estamos bien concienciados, y todos ponemos nuestro granito de arena: separamos la basura para reciclar, usamos detergentes sin fosfatos, no dejamos las colillas (de cigarro) en la playa.....
Y bueno sí. También está lo de los accidentes, y las enfermedades laborales de todo tipo: mentales y físicas, crónicas, mortales a corto, medio o largo plazo. Pero no debe ser tan preocupante cuando nadie le pone remedio real.
¿Y que hay mucha gente que queda fuera de este rollito tan guay?.Pues será porque quieren, ¡no te jode¡, porque oportunidades hay igual para todos.
La historia nos ha demostrado sobradamente que cualquier intento de cambio acabó siempre en fracaso, que las revoluciones no nos llevaron a ningún lugar fructífero.Por eso, los mayores de edad, personas maduras dejamos las palabras románticas para los poetas.Plenamente conscientes, vivimos satisfechos, y mantendremos para generaciones venideras este único universo posible a nuestra medida, así como hasta ahora:
¡con dos cojones¡
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MensajeTema: Re: No al trabajo!   Lun Mar 16, 2009 10:45 pm

La Abolición del Trabajo
Por Bob Black


Nadie debería trabajar.

El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo, o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar.

Esto no significa que tenemos que dejar de hacer cosas. Significa crear una nueva forma de vivir basada en el juego; en otras palabras, una convivencia lúdica, comensalismo, o tal vez incluso arte. El juego no es sólo el de los niños, con todo y lo valioso que éste es. Pido una aventura colectiva en alegría generalizada y exhuberancia libremente interdependiente. El juego no es pasivo. Sin duda necesitamos mucho mas tiempo para la simple pereza y vagancia que el que tenemos ahora, sin importar los ingresos y ocupaciones, pero, una vez recobrados de la fatiga inducida por el trabajo, casi todos nosotros queremos actuar. El Oblomovismo y el Estajanovismo son dos lados de la misma moneda despreciada.

La vida lúdica es totalmente incompatible con la realidad existente. Peor para la "realidad", ese pozo gravitatorio que absorbe la vitalidad de lo poco en la vida que aún la distingue de la simple supervivencia. Curiosamente -- o quizás no -- todas las viejas ideologías son conservadoras porque creen en el trabajo. Algunas de ellas, como el Marxismo y la mayoría de las ramas del anarquismo, creen en el trabajo aún mas fieramente porque no creen en casi ninguna otra cosa.

Los liberales dicen que deberíamos acabar con la discriminación en los empleos. Yo digo que deberíamos acabar con los empleos. Los conservadores apoyan leyes del derecho-a-trabajar. Siguiendo al yerno descarriado de Karl Marx, Paul Lafargue, yo apoyo el derecho a ser flojo. Los izquierdistas favorecen el empleo total. Como los surrealistas -- excepto que yo no bromeo -- favorezco el desempleo total. Los Troskistas agitan por una revolución permanente. Yo agito por un festejo permanente. Pero si todos las ideólogos defienden el trabajo (y lo hacen) -- y no sólo porque planean hacer que otras personas hagan el suyo -- son extrañamente renuentes a admitirlo. Hablan interminablemente acerca de salarios, horas, condiciones de trabajo, explotación, productividad, rentabilidad. Hablarán alegremente sobre todo menos del trabajo en sí mismo. Estos expertos que se ofrecen a pensar por nosotros raramente comparten sus ideas sobre el trabajo, pese a su importancia en nuestras vidas. Discuten entre ellos sobre los detalles. Los sindicatos y los patronos concuerdan en que deberíamos vender el tiempo de nuestras vidas a cambio de la supervivencia, aunque regatean por el precio. Los Marxistas piensan que deberíamos ser mandados por burócratas. Los anarco-capitalistas piensan que deberíamos ser mandados por empresarios. A las feministas no les importa cuál sea la forma de mandar, mientras sean mujeres las que manden. Es claro que estos ideo-locos tienen serias diferencias acerca de cómo dividir el botín del poder. También es claro que ninguno de ellos tiene objeción alguna al poder en sí mismo, y todos ellos desean mantenernos trabajando.

Debes estar preguntándote si bromeo o hablo en serio. Pues bromeo y hablo en serio. Ser lúdico no es ser ridículo. El juego no tiene que ser frívolo, aunque la frivolidad no es trivialidad: con frecuencia debemos tomar en serio la frivolidad. Deseo que la vida sea un juego -- pero un juego con apuestas altas. Quiero jugar para ganar.

Texto completo: http://www.geocities.com/samizdata.geo/Abolicion.html
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MensajeTema: Re: No al trabajo!   Mar Mar 17, 2009 1:13 pm

10. El movimiento obrero fue un movimiento por el trabajo

«El trabajo tiene que empuñar el cetro, siervo debe ser sólo el que va ocioso, el trabajo debe regir el mundo, porque solo él es el fundamento del mundo.»
Friedrich Stampfer, En honor al trabajo, 1903


El movimiento obrero clásico, que vivió su auge mucho después del ocaso de las antiguas revueltas sociales, ya no luchaba contra los abusos del trabajo, sino que desarrolló una sobreidentificación con lo aparentemente inevitable. Lo que perseguía era sólo ya «derechos» y mejoras dentro de la sociedad del trabajo, cuyas imposiciones hacía tiempo que había interiorizado ampliamente. En vez de criticar radicalmente la transformación de energía humana en dinero como fin absoluto irracional, aceptó el «punto de vista del trabajo» y concibió la explotación económica como un orden de cosas positivo y neutral.

Así, el movimiento obrero hacía suyo a su manera la herencia del absolutismo, el protestantismo y la ilustración burguesa. De la desgracia del trabajo se pasó al falso orgullo de trabajar, que redefinió como «derecho humano» la domesticación propia en material humano del ídolo moderno. En cierta forma, los parias domesticados del trabajo le dieron la vuelta ideológicamente a la tortilla y desarrollaron un celo misionario, que les llevó a reclamar, por un lado, el «derecho al trabajo para todos» y, por otro, a exigir el «deber de trabajar para todos». La burguesía no fue combatida en tanto que portadora funcional de la sociedad del trabajo, sino que, por el contrario, fue insultada en nombre del trabajo por parasitaria. Todos los miembros de la sociedad, sin excepciones, tenían que ser reclutados a la fuerza para «los ejércitos del trabajo».

El movimiento obrero se convirtió así, él mismo, en pionero de la sociedad capitalista del trabajo. Fue él quien impuso los últimos escalones de la cosificación, en el proceso de desarrollo del trabajo, contra los torpes portadores funcionales burgueses del siglo XIX y principios del XX; de manera muy similar a como la burguesía se había convertido en heredera del absolutismo un siglo antes. Esto fue sólo posible porque los partidos obreros y los sindicatos, en el curso de su idolatración del trabajo, fueron tomando una actitud positiva respecto al aparato estatal y las instituciones de la administración represiva del trabajo, las cuales no querían abolir, sino ocupar ellos mismos, en una especie de «marcha a través de las instituciones». De esta manera hacían suya, lo mismo que antes la burguesía, la tradición burocrática de gestión sociolaboral de las personas iniciada con el absolutismo.

La ideología de la generalización social del trabajo exigía, no obstante, también una situación política nueva. En lugar de la división constante con «derechos» políticos distintos (por ejemplo, el derecho de voto según el grupo impositivo), en la sociedad del trabajo a medio imponer tuvo que irrumpir la igualdad democrática general del «Estado del trabajo» consumado. Y las desigualdades en el funcionamiento de la máquina de explotación, en tanto que ésta determinaba la totalidad de la vida social, tuvieron que compensarse «social-estatalmente». El movimiento obrero también proporcionó el paradigma para esto. Bajo el nombre de «socialdemocracia», se convirtió en el «movimiento civil» más grande de la historia, que no podía ser otra cosa que una trampa puesta a sí mismo. Porque en la democracia todo es negociable menos las imposiciones de la sociedad del trabajo, que se presuponen de manera más bien axiomática. Lo único que se puede discutir son las modalidades y maneras de aplicar dichas imposiciones. No queda más que la elección entre Ariel o Dixan, entre la peste y el cólera, entre ser un fresco o un tonto, entre Kohl y Schröder.

La democracia de la sociedad del trabajo es el sistema de dominio más pérfido de la historia: un sistema de autoopresión. Por eso, esta democracia no organiza nunca la determinación libre de los miembros de la sociedad sobre los recursos comunes, sino sólo la forma legal de las mónadas trabajadoras, separadas unas de otras, que tienen que dejarse la piel en el mercado compitiendo entre sí.

Democracia es lo contrario de libertad. Y así, las personas trabajadoras democráticas acaban por degenerar, necesariamente, en administradores y administrados, en empresarios y empleados, en élites funcionales y material humano. Los partidos políticos, y principalmente los partidos obreros, reflejan fielmente esta situación en su propia estructura. Dirigentes y dirigidos, gente prominente y gente de a pie, líderes y simpatizantes son muestra de una situación que nada tiene que ver con un debate o una toma de decisiones abierta. Es un constituyente integral de esta lógica del sistema que las propias élites no puedan más que ser funcionarios heterónomos del ídolo trabajo y de sus resoluciones ciegas.

Como muy tarde desde los nazis, todos los partidos son partidos de trabajadores y, al mismo tiempo, del capital. En las «sociedades en vías de desarrollo» del Este y del Sur, el movimiento obrero mutó en el partido terrorista de Estado de la modernización aún por hacer; en Occidente, en un sistema de «partidos populares» con programas intercambiables y figuras mediáticas representativas. La lucha de clases se ha acabado porque se ha acabado la sociedad del trabajo. Las clases se muestran como categorías sociales funcionales de un sistema fetichista común, en la misma medida en que este sistema se extingue. Cuando la socialdemocracia, los verdes y los ex comunistas se hacen un hueco en la administración de la crisis y diseñan programas represivos especialmente mezquinos, entonces demuestran sólo que son los herederos legítimos de un movimiento obrero que nunca ha querido otra cosa que trabajo a cualquier precio.

Fuente: http://www.krisis.org/1999/manifiesto-contra-el-trabajo
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